lunes, 23 de enero de 2012

Intrum Justitia y las empresas gangsteriles

Recuerdo con añoranza aquellos tiempos en que los clientes siempre teníamos razón y las empresas nos trataban con un tacto exquisito. Ahora vivimos una época en la que las grandes corporaciones se creen que son las dueñas de nuestras vidas y, a la manera de los señores feudales, disponen a su antojo de nuestro tiempo, nuestra intimidad y nuestros escasos bienes.

Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza debido a una mala experiencia que en mi familia estamos teniendo con Intrum Justitia. No tenía ni la más remota idea de la existencia de esa empresa hasta que hace unas semanas mi marido recibió una carta que nos causó consternación. En ella se decía que ENDESA les había encomendado la gestión de una deuda en la que él figuraba como titular por la cantidad de 73,63€. En un tono amenazante, conminaban a pagar urgentemente la deuda si no quería tener problemas y facilitaban un número de cuenta en la que había que ingresar el dinero.

Y nada más. No daban datos de la factura a la que se referían, ni un número, ni una fecha, sólo una referencia y un número de identificación internos. Lo primero que pensé es que se trataba de un timo.
Inmediatamente me puse a investigar en Internet y averigué que esta empresa sueca especializada en gestión de impagados es muy famosa en la red. Encontré innumerables quejas de damnificados que han sufrido sus métodos gangsteriles y que solicitaban u ofrecían consejos sobre como proceder en el caso de tener la desgracia de encontrarse en su camino.

Daba la casualidad de que unos meses antes habíamos cambiado a Endesa por otra compañía, y pensamos que podría tratarse de un error de traspaso, pero repasando las facturas que habíamos pagado vimos que no faltaba ningún mes. Así que, una vez informada sobre la forma de actuar de Intrum Justitia, quedamos a la espera de que dieran señales de vida.


Sábado a las 8,30h de la mañana, suena el teléfono. La noche anterior nos habíamos acostado tarde y aún estábamos en la cama. Me levanté malhumorada y cogí el teléfono.

- ¿Me puede poner con el señor García?
- ¿De parte de quién?

Al otro lado una voz confusa de mujer que no acababa de entender. Normal, estaba como en una nube, aún no estaba despierta del todo.

- Carta... asesoría... pagar...
- ¿Ah qué llama de la asesoría? (pensé que era una asesoría con la que tenemos trato)
- ¡No! -la chica empezaba a cabrearse- llamo de Intrum Justitia porque el Sr. García es un deudor y tiene una deuda que tiene que pagar. ¡Dígale que se ponga!

De pronto se me encendió la lucecita y recordé la carta. Estaba empezando a enfadarme.

- Mire, no le voy a decir nada.
- ¿Pero está en casa?
- Sí, pero está durmiendo.
- ¡Despiértelo y dígale que se ponga!
- No lo voy a hacer, y no son horas de llamar a una casa un sábado tan de mañana -el enfado se estaba convirtiendo en cólera.
- !Pues yo ya llevo un rato trabajando! -todas estas palabras a voz en grito.
- ¡Y a mi que coño me importa!
- ¿Qué no le importa? Pues ya vera cuando... el Sr. García es un deudor y tiene que pagar... ya verá si no paga...

Y colgó el teléfono. Esa fue nuestra primera conversación. Yo estaba tan indignada que casi no podía hablar.

Minutos después volvieron a llamar, esta vez un chico que habló con mi marido mucho más suavemente y le proporcionó los datos que le pidió, número de factura, fecha, etc. Definitivamente, se trataba de un error.

Llamamos a Endesa y solucionamos el problema. Nos quejamos del trato que habíamos recibido por parte de Intrum Justitia y se excusaron diciendo que habían recibido muchas quejas de otros usuarios, pero que no podían hacer nada porque les tenían cedida la gestión del cobro de sus impagados. ¿Cómo que no pueden hacer nada? Son ellos quienes los han contratado, ¿no?, podrían exigirles un mejor trato a sus clientes.

Para Intrum Justitia, y para las empresas que la contratan, somos culpables aunque se demuestre lo contrario. Han optado por el método de la extorsión y no merecemos ninguna delicadeza, tenemos que pagar sí o sí. Y estamos en sus manos, no podemos hacer nada, porque aunque demostremos la inocencia ya no hay quien nos quite las vejaciones que hemos sufrido.

Aquí no acaba la historia. Días después llamaron de nuevo. Era la misma chica de la primera vez. Volvió a preguntar por el Sr. García. Me armé de paciencia y le informé que el Sr.García no estaba pero que ya habíamos solucionado el problema directamente con Endesa. La chica montó en cólera.

- ¡No puede haberlo solucionado con Endesa! La deuda la gestionamos ahora nosotros y el Sr. García es un deudor nuestro. ¡Nos tiene que pagar a nosotros!.

A estas alturas ya estaba muy cansada de estas conversaciones, así que le dije que yo no era el Sr.García, que no tenía ninguna deuda con ellos y que por tanto no tenía que aguantar broncas de nadie. Eso la calló y se despidió prometiendo que volvería a llamar.

Y volvió a llamar. Yo estaba a punto de salir.

- ¿Está el Sr. García?

Esta vez decidí seguir uno de los consejos que había leído en Internet.

- Sí, un momento.

Y dejé el teléfono descolgado y me fui a la calle. Por ahora, no han vuelto a llamar, aunque no aseguraría que no vuelvan a hacerlo.